El 63,9% pide un cambio en Tucumán

¿Puede Catalán enfrentar a las familias del poder? Hay un dato que debería desvelar al poder en Tucumán: el 63,9% de los consultados dice que quiere un cambio.

No es una cifra menor ni un berrinche electoral pasajero. Es la expresión de un cansancio social acumulado. Pero ese número trae, al mismo tiempo, una desconfianza de fondo: muchos tucumanos quieren cambiar, sí, pero cuando miran cómo está armado el poder real en la provincia, dudan de que ese cambio sea posible.

Porque el peronismo tucumano no es sólo un partido: es una estructura territorial enquistada, consolidada durante años y fortalecida desde la reforma constitucional de 2006. En el interior, el aparato no está disperso: está concentrado. Hay apellidos, familias y jefaturas que ordenan el territorio, los votos y los recursos.

Sergio Mansilla, Mario Leal, los mellizos Orellana, Darío Monteros en Banda del Río Salí, Jaldo en Trancas, los Vargas Aignasse, Regino Amado, Roque Tobías Álvarez en Tafí Viejo, Alejandra Cejas en Graneros y Gallia en Lules forman parte de ese mapa de poder que explica por qué tanta gente descree aun cuando quiere dar vuelta la página.

Catalán, Milei y una oportunidad distinta

En ese escenario aparece Lisandro Catalán, hoy el mejor posicionado dentro de la oposición. Su activo no es sólo su nombre: encarna la posibilidad de canalizar un enojo anticasta que en Tucumán existe y crece. Pero además juega con una ventaja que antes no existía: el fenómeno Milei ya demostró que se puede construir poder sin depender del puntero clásico.

La Libertad Avanza ya sabe dónde está su núcleo fuerte: menores de 40 años, trabajadores independientes y sectores vinculados a la economía de apps, como Uber o PedidosYa. No se trata de caricaturas libertarias. Son votantes que sienten que el viejo gremialismo, los intermediarios y las estructuras tradicionales ya no les hablan.

La pregunta de fondo

Por eso, la discusión en Tucumán no pasa sólo por una encuesta. Pasa por algo más profundo: si Catalán logrará transformar ese deseo de cambio en organización real. Porque el 63,9% quiere cambiar, pero la verdadera incógnita es si esta vez habrá alguien capaz de convertir ese enojo en una fuerza que dispute de verdad a la maquinaria territorial que domina la provincia desde hace dos décadas.

FUENTE: https://quediario.com.ar/2026/04/21/8583/

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