El descenso en la producción ha tenido un impacto significativo en el mercado laboral del sector, acumulando una pérdida de 28,322 puestos de trabajo desde diciembre de 2023, según datos de FITA. En una conversación con la Agencia Noticias Argentinas (NA), el empresario Camilo Alan afirmó: «La situación de las pymes en los sectores textil y del calzado, donde opero, es complicada, marcada por una recesión y un aumento en el desempleo».
«Estamos viendo un alto número de cierres de fábricas y comercios; el impacto es severo, la gente carece de recursos y no efectúa compras«, agregó.
La competencia de plataformas chinas
La llegada de plataformas de comercio electrónico como Temu y Shein ha complicado aún más la situación para las industrias locales. Estas empresas han inundado el mercado con indumentaria a precios extremadamente bajos, imposibles de igualar por los productores nacionales.
«Los precios de los productos han aumentado, pero nosotros no podemos ajustar los nuestros porque sino, no vendemos; por lo tanto, nuestros ingresos disminuyen y los costos de los servicios continúan en aumento», comentó Alan sobre la presión de la competencia internacional.
Este desafío se ve intensificado por el contexto macroeconómico actual en Argentina, que presenta alta inflación y una considerable pérdida de poder adquisitivo. «Mis ventas han disminuido un 60%, y muchos colegas han cerrado sus negocios. Estamos atravesando una política económica que beneficia a unos pocos, y la situación es muy difícil», añadió.
Actualmente, las fábricas en el país operan al 45.3% de su capacidad instalada. Esta desaceleración ha resultado en una caída de más del 22% en la actividad interanual durante los primeros meses de 2026. Con márgenes de rentabilidad muy ajustados, las empresas advierten que no pueden trasladar los incrementos en los costos operativos a los precios finales sin afectar aún más el consumo.
El efecto social de esta situación es evidente. Desde diciembre de 2023, la cadena textil y de confecciones ha perdido más de 28,000 empleos formales, convirtiéndose en uno de los principales factores del desempleo industrial en el país. La presión financiera y la disminución de la demanda han provocado el cierre de más de 500 establecimientos productivos en el último año.









