La investigadora Valentina González Sisto analizó en LV12 los resultados y explicó: “Lo que vemos en este informe es que hubo una leve caída de la pobreza si comparamos con el 2024 que pasó del 59,7% al 53,6% en 2026; pero estamos en los números más elevados en una década. A su vez vemos que es gravísimo pensar que más de la mitad de niños y niñas del país son pobres y que están expuestos a quedar privados de otras cuestiones que tienen que ver con la crianza, la educación, con menos instancias de socialización extraescolar”.
En ese sentido, remarcó que la problemática está estrechamente vinculada al contexto económico: “El dato está muy ligado a lo que dice la inflación, que son datos muy sensibles pero siempre, en general, da más alto la pobreza en niños alrededor de 15 o 20 puntos porcentuales por arriba del promedio general, porque los hogares más numerosos suelen ser los pobres”.
Pese a la baja registrada en el índice, la especialista advirtió que los avances no se reflejan de manera uniforme en otros indicadores clave. “A veces se habla de la caída de la pobreza y se entiende que hubo una gran mejora cuando en la práctica hay muchos indicadores que no han mejorado; si vemos la inseguridad alimentaria, que releva si los niños tienen dificultades en sus hogares para acceder a una alimentación, no ha mejorado tanto. Entonces eso ya nos da la pauta de que no hay mejoras tan marcadas; a lo sumo puede llegar a haber algunas recuperaciones parciales con mejoras de ingresos, pero sabemos que la pobreza, si bien tiene un umbral, hay muchas familias que quizá no se consideran pero que tienen un montón de privaciones; por ahí un niño no es pobre pero sin embargo tiene otras cuestiones insatisfechas”.
El informe refleja así una realidad compleja: aunque hubo una disminución en los índices, persisten deudas estructurales que impactan directamente en la calidad de vida de los niños y niñas, especialmente en aspectos como la alimentación, la educación y el desarrollo social.









