Esa fue la pregunta que respondieron un treintena de especialistas durante una audiencia convocada por la oposición en Diputados. El magnate tecnológico fue citado, pero estuvo ausente, al igual que funcionarios. Alerta sobre el marco normativo que impulsa el Gobierno.
Una treintena de especialistas advirtieron sobre el interés del magnate tecnológico Peter Thiel en Argentina, durante una audiencia convocada por diputados de Unión por la Patria, que se realizó este viernes en una de las salas del Anexo de la Cámara baja.
Encabezada por el legislador Juan Marino, la jornada contó con la transmisión oficial en el canal de YouTube de Diputados, pero de modo «oculto».
Los invitados expusieron en seis paneles moderados por los diputados Hugo Yasky, José Glinski, Juan Carlos Molina, Sabrina Selva, Kelly Olmos y Carlos Castagneto, en los cuales se abordaron cuestiones como inteligencia artificial, datos personales, vigilancia, humanismo y recursos naturales, entre otros puntos.
Además, varios de los oradores pusieron la lupa sobre reformas a la legislación argentina impulsada por el gobierno de Javier Milei, y cómo esto tendría el objetivo de adaptar el marco normativo a los deseos del dueño de Palantir.
Al arrancar con la audiencia denominada «¿A qué viene Peter Thiel a la Argentina?», Marino hizo referencia a las sillas vacías que habían reservado para el propio Thiel, el Presidente Milei y demás funcionarios del Ejecutivo que estuvieron reunidos con el multimillonario empresario tecno.
«No han venido ni han respondido la invitación por escrito», cuestionó el diputado, quien resaltó que el pedido de informes presentado en la Cámara baja y el pedido de acceso a la información pública que gestionó, todavía no fueron respondidos. «Se vienen negando a dar información hace meses», señaló.
El bonaerense aseguró que pretende saber si Thiel «es un inversor privado más o es más que un inversor privado». «Se compró un pedazo de las acciones de Vista Energy, entonces evidentemente sus intereses por la Argentina continúan», apuntó.
Y, en alusión a la protesta de activistas disfrazados de magos «Gandalf» frente a la mansión de Thiel en Barrio Parque, Marino expresó: «Para entender a Peter Thiel habría que leer menos el Señor de los Anillos y ver más Terminator 2; esa distopía futurista donde la tecnología extermina a la humanidad es un espejo más claro del planteo antihumano de Peter Thiel y la corriente de la que forma parte».
Al exponer en primer lugar, Diego Fernández Slezak, investigador del Conicet y director del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada (Facultad Ciencias Exactas-UBA), arrancó: «A qué viene Peter Thiel a la Argentina, yo no lo sé, pero dejenme arriesgar algo: no viene a hacer negocios tradicionales, para eso no hace falta viajar, instalarse y estar presencialmente conversando con presidente, ministros y otras personalidades. Yo arriesgo que viene a ver si puede convertir a la Argentina en un banco de pruebas de inteligencia artificial. Algo que no está avalado en prácticamente ningún país del mundo, ni de donde ellos vienen».
En tal sentido, observó que si la Argentina «va a ser un banco de prueba», debería contar con universidades públicas y un Conicet más fuerte, en rol de supervisores, pero esto se contradice con la baja del financiamiento para esas áreas.
A su turno, Natalia Zuazo, politóloga y consultora internacional en gobernanza y regulación tecnológica, apuntó que «Peter Thiel lleva tres décadas en la vanguardia de los desarrollos tecnológicos y comparte con el Gobierno actual la ideología de la desregulación absoluta de los mercados; es decir, que todo aquello que desarrolle él o cualquiera de sus colegas, no necesita ser supervisado o controlado por nadie».
«El negocio de Thiel es vender tecnologías dedicadas al monitoreo y la vigilancia de la población, con dos objetivos: políticas internas y políticas externas, es decir, guerra. Para Thiel la IA es ante todo una tecnología militar», advirtió.
Zuazo consideró además que es urgente una actualización de la Ley de Protección de Datos Personales y «derogar el RIGI y rechazar en el Senado el Súper RIGI» porque «son leyes que condicionan de manera determinante el presente y futuro». «Debemos hacer valer nuestros recursos naturales y energéticos», agregó.
Micaela Mantegna, abogada especialista en ética de IA, habló de preguntarse si estamos ante «Argentina como laboratorio» y resaltó: «Peter Thiel ya está en Argentina hace muchos años. Lo que nos tendríamos que preguntar es qué redes tiene sembradas, quiénes lo habilitaron, si es daño que se está causando es reversible y cuánto le va a costar al país revertirlo».
Esteban Magnani, periodista y docente, alertó que «se están buscando mecanismos para saltear a la democracia y esto se logra con contratos con el Estado, a la manera que lo hace Palantir», como por ejemplo con el ICE o el aparato militar de Estados Unidos. «También tiene contrato con buena parte de las policías locales de Europa, con servicios de inteligencia europeos», aunque «en Europa están empezando a reaccionar», remarcó y detalló que estos servicios que ofrecen «reemplazan decisiones administrativas de gobierno con sistemas informáticos opacos, sin humanos y rescindir después estos contratos es muy costoso».
El abogado Pablo Serdán manifestó que «no» cree que Thiel «venga a vivir a la Argentina, sino es más un producto del marketing; pero yo creo que lo que van a venir son capitales del riesgo de Peter Thiel». En esa línea, habló de las intenciones de que el país sea un «sandbox» o «una especie de laboratorio», cuando no existe todavía ley para regular la IA.
Entre los numerosos invitados, la periodista especializada en tecnología Emilse Garzón sostuvo que «cuando se habla de IA y no se habla de datos y privacidad, no estamos hablando de derechos humanos ni democracia». «Estamos muchas veces confundiendo la idea de vigilancia con seguridad. Nos venden seguridad, nos venden seguimiento y esto es altamente peligroso», enfatizó y denunció: «A los periodistas nos intentan silenciar por dar información a la gente e intentar proteger lo que queda de democracia».








