Bandas de ladrones ponen obstáculos para romper autos y pinchar gomas. Cuando los conductores frenan, los roban. Pasa también en Tucumán.

“Chocamos contra unas piedras, no pudimos avanzar porque la rueda estaba destruida y, cuando paramos, nos desvalijaron. Volvíamos de vacaciones y se llevaron todo lo que había en el auto, además de los anillos y relojes. Actuaron como aves de rapiña. Estaban escondidos al costado de la banquina y nos sorprendieron. Se fueron corriendo y nosotros quedamos ahí, en el medio de la nada, no sabíamos qué hacer”, cuenta Griselda.

La mujer y su familia fueron víctimas de una modalidad delictiva que está en ascenso en la autopista Panamericana, a la altura de Campana. Quedó expuesta después de que el periodista Marcelo Longobardi revelara en radio Mitre que sufrió un hecho así en la madrugada del domingo, cuando regresaba de un festejo de cumpleaños en el restorán Italpast. A él lo sorprendieron poco antes del Hotel Sofitel de Cardales, en el kilómetro 62, donde chocó contra un bloque de cemento ubicado por ladrones en el medio de la ruta. “Nosotros zafamos porque nuestra camioneta aguantó 500 metros con una cubierta destrozada y paramos más adelante. Los que tuvieron que parar antes que nosotros fueron asaltados”, relató en su programa.

En la zona uno se encuentra con que esta modalidad se repite en el tramo de la ruta 9 que va del kilómetro 60 al 66,5, entre avenida Libertador San Martín (Ruta 4) y Ottamendi. Está delimitado por dos puentes que los ladrones usan para cruzarse entre las colectoras y volcar escombros y maderas, tirar piedras a los conductores o colocar neumáticos en medio de la calzada.

“A eso de las 20 ya los empezás a ver dando vueltas. Paran en algunos rincones, al costado de la autopista, y se quedan ahí. En algún momento tiran algo, lo que encuentran. O clavos miguelito. Cuando los autos paran, los asaltan”, relatan a Clarín empleados de Autopista del Sol que realizan el auxilio de los vehículos que quedan varados allí.

Los alrededores son rurales, con alambrados y extensos descampados. Por ahí se puede ver basura y botellas de bebidas alcohólicas, entre monolitos del Gauchito Gil y pastizales. El panorama es desolador durante la noche y la iluminación del bulevar central sólo alcanza para los tres carriles por mano de la autopista, pero no llega a los alrededores. Los asaltantes aprovechan esa oscuridad para esconderse y evitar ser detectados o perseguidos por la Policía después de atacar.

“Esto a la noche es tierra de nadie. Esperar el colectivo es un peligro. Yo lo hago sólo de día o, si se me hace tarde, desde la parada me tomo un remís o llamo a alguien que me venga a buscar. Tengo seis cuadras hasta mi casa, pero no las camino ni loca”, señala María Mamani, una vecina que hace seis años vive en el barrio Las Praderas y debe esperar el colectivo 204 en la colectora, a la altura del kilómetro 64. Y recuerda: “Hace dos semanas llegué 22.30 y mi marido me estaba esperando. Justo vimos cómo estaban asaltando a un conductor que paró porque le tiraron algo. El ladrón estaba armado, así que llamamos a la Policía y nos fuimos porque estábamos con el bebé, no nos animamos a ayudarlo”.

Autopistas del Sol, la concesionaria a cargo de la autopista, tiene un peaje en el kilómetros 33, en Pacheco. Su jurisdicción termina en el kilómetro 72.5, a la altura de Zárate. En ese tramo el único destacamento policial -un container- está en el kilómetro 60, cerca de donde asaltaron a Longobardi. Según explicaron a Clarín en la Municipalidad de Campana, allí funciona un centro de monitoreo de cámaras. Desde ahí vigilan las cuatro que hay instaladas a lo largo de la ruta 4 (a la altura del kilómetro 60), camino al barrio Las Lomas de Río Luján, y en ruta 6, donde también se repiten estos asaltos .

En ese puesto sólo hay un agente de la Policía Local y, aleatoriamente, un patrullero. En una recorrida realizada por Clarín ese fue el único punto entre Escobar, Campana y Zárate donde había algún tipo de vigilancia.

Desde Autopistas del Sol se desligaron de la responsabilidad respecto de la seguridad, y justificaron: “En las colectoras hay luminarias, sobre todo en paradas de colectivo. La responsabilidad de la vigilancia corresponde a la Policía. Nosotros actuamos lo más rápido posible cuando sucede algo así y alertamos a la comisaría”.

En el Secretaría de Seguridad municipal confirmaron la preocupación por esta modalidad delictiva: “Pedimos a Vialidad Nacional la iluminación de las colectoras y estamos trabajando en un proyecto para comprar drones que nos permitan vigilar”. Mientras, la zona es tierra de nadie.

Fuente: Clarín

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