Fiebre consumista en China: funcionarios desesperados por trajes a US$ 100

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Hubo un diputado de la Nación que llegó a China sin trajes ni corbatas. Bajó del avión con una valija grande pero vacía y cuando alguien le advirtió que no llevaba peso no pudo menos que largar una carcajada.

Se trata de un hombre con larga experiencia en este tipo de viajes y ayer sorprendió a la comitiva argentina cuando contó por qué había viajado sin ropa.

“¿Les gusta?”, preguntó, y se abrió de par en par un saco azul con detalles muy finos en celeste. “Me lo entregaron recién. Lo hicieron en 24 horas y como quedó perfecto encargué otros cinco. Están buenísimo, ¿Mirá que yo de esto sé eh?”. El diputado había pasado por Silker Market (mercado de la seda), un centro comercial de tres pisos ubicado en el centro de Beijing, donde se confeccionan ambos, corbatas y camisas a medida en pocas horas. El diputado pagó 130 dólares cada traje y 30 las camisas. Y le mandaron el pedido en forma gratuita al hotel.

Pero el dato más revelador lo aportó Iván Pavlovsky, el vocero de Mauricio Macri. “Vayan a Tony and Tony, en el tercer piso y pregunten por Peter de parte mía “, dijo a quien quiso escucharlo. No solo lo dijo: mandó el contacto por WhatsApp, con indicaciones precisas y la foto del vendedor, un simpático joven capaz de hablar en las lenguas más extrañas si de vender se trata.

El nombre de Pavlovsky, otro funcionario habituado a los viajes desde los tiempos en que acompañaba al entonces presidente de Boca, bastaba para un descuento especial: los trajes ya podían conseguirse a 100 dólares y las camisas a 21. Y aquellos que regateaban un poco (todo un clásico en Silker Market) se llevaban la corbata gratis.

El rumor de trajes baratos y a medida fue tan fuerte que hasta el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, se arrepintió de no haber ido a probar suerte. Otros, en cambio, acudieron en más de una ocasión y a la pasada también levantaron carteras para quedar bien con esposas e hijas al regresar a la Argentina. Carteras muy lindas, muy baratas y de marcas carísimas. ¿Copia o imitación? Vaya uno a saber.

El dato de los trajes se hizo extensivo con el correr de los días. Pero hubo un hombre de la comitiva que se guardó el mejor secreto. Resulta que, cuando quiso mostrar su saco nuevo, alguien le vio la etiqueta y no se leía -como en el resto- Tony and Tony: se leía Armani. Parece que por una propina, el joven Peter podía pegar cualquier etiqueta.

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